José Andrés Moreno Nogueira, Doctor y Fundador de la SEOM

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“Andalucía es de las mejores regiones de España donde se puede seguir siendo gallego sin pérdida de identidad”

“En el año 2020 se me otorgó la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla que junto a la propuesta del premio del Aldabón por Lar Gallego viene a representar lo que hasta ahora ha sido mi proyecto de vida”

El Dr. José Andrés Moreno Nogueira, nacido en Santiago de Compostela y sevillano de adopción, es una de las figuras más relevantes de la medicina española contemporánea. Fundador y tercer presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), ex jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y referente nacional e internacional en la lucha contra el cáncer, ha dedicado más de cuatro décadas al desarrollo de la oncología, la investigación y la formación de nuevas generaciones de especialistas. Su trayectoria profesional y humana le ha convertido en una referencia indiscutible de la medicina española y en un orgullo para la comunidad gallega y andaluza.

Nació en Santiago de Compostela y desarrolló gran parte de su vida en Andalucía. ¿Qué huella han dejado Galicia y Andalucía en su trayectoria personal y profesional’? Cuando mi familia se asentó en Andalucía (La Roda de Andalucía Sevilla) vino con ella el sentir del origen gallego, especialmente representado por mi madre y que supo trasmitirlo a través de los años. Durante mi vida en el bachillerato y en la licenciatura de medicina, algunos veranos regresaba a Galicia, en especial a Santiago y Vigo. Posteriormente mis visitas fueron más habituales por vacaciones o profesionales y siempre en compañía de mi esposa sevillana también Médico especialista en Bioquímica. No puedo separar lo gallego y lo andaluz, han sido la esencia de mi personalidad y de mi familia.


Fue uno de los impulsores de la Oncologías Medica en España y fundador de la SEOM. ¿Cómo recuerda aquellos primeros años en los que la especialidad comenzaba a abrirse camino en nuestro país? Inicié mi andadura en el campo de la oncología en los años 1968-69 cuando no existían estructuras de asistencia oncológica, solo era posible la cirugía y la radioterapia y con un número de fármacos antineoplásicos escaso y sin protocolizar salvo en algunos tipos de leucemias. En definitiva, no existía formación oncológica específica alguna. Siempre digo que yo no elegí a la Oncología, la Oncología me eligió a mí. Mi área de actuación inicial fueron los “linfomas” dentro de la Medicina Interna mi especialidad inicial, al igual que ocurría en otros hospitales españoles, siendo el punto de partida del desarrollo de la Oncología Médica que en la década de los años setenta se amplió a los tratamientos sistémicos en cáncer de mama, cáncer de pulmón, sarcomas óseos, tumores digestivos etc.
Esto nos llevó a la creación de la SEQUIO (Sociedad Española de Quimioterapia Oncológica) que daría lugar a la actual Sociedad de Oncología Médica (SEOM), coincidiendo con el desarrollo oficial y universitario de la especialidad con programa MIR que diseñamos en 1979 entre los pocos grupos existentes en España (Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia). El reconocimiento oficial de la Oncología fue el impulso clave de su desarrollo en las siguientes décadas.

Tras más de cuarenta años dedicado a la lucha contra el cáncer, ¿Cuáles considera que han sido los avances más importantes que ha vivido como oncólogo? El desarrollo de los tratamientos sistémicos, inicialmente la quimioterapia oncológica, la hormonoterapia y en la actualidad las terapias dirigidas y personalizadas con dianas moleculares, a lo que se debe sumar la reciente inmunoterapia. Todo esto ha sido paralelo a un mejor conocimiento del cáncer en sus aspectos genéticos-moleculares e inmunológicos.

Se le reconoce como maestro de varias generaciones de especialistas. ¿Qué valores considera fundamentales para quienes hoy deciden dedicar su vida a la medicina? A lo largo de la formación de nuevas generaciones, siempre he intentado transmitir el papel del “sentido común” en la práctica oncológica, especialmente en relación con la toma de decisiones clínicas, el acceso equitativo a
tratamientos eficaces, la ética en la investigación y la necesidad de una mejor comunicación con los pacientes y familiares. La relación médico-paciente sigue siendo el pilar de la medicina. El mensaje siempre ha sido que son fundamentales los máximos conocimientos científicos sobre el cáncer y la actitud humanística ante nuestros pacientes. En este escenario nunca debemos olvidar que Ciencia y Humanismo es la esencia de la calidad asistencial, en palabras del inolvidable Profesor Laín Entralgo.

Además de su labor asistencial ha desarrollado una intensa actividad investigadora y docente. ¿Qué importancia tiene la investigación y la formación para seguir avanzando en la lucha contra el cáncer? Desde los primeros momentos de mis inicios en la asistencia oncológica tuve siempre presente la importancia inicialmente del valor de la investigación clínica, producto de ello mi grado de Doctor sobre linfomas.

Progresivamente comenzamos a participar en ensayos clínicos nacionales e internacionales y posteriormente en investigación básica y traslacional lo que mide el progreso del desarrollo del conocimiento sobre el cáncer de un Servicio Hospitalario. La docencia es una parte importante de este desarrollo, tanto en pregrado como postgrado, junto a mi actividad como profesor de Patología Médica de la Escuela Universitaria de Diplomados en Enfermería del Hospital Universitario Virgen del Rocío, desde 1973 hasta 2009.

Quisiera destacar algo importante en mi papel de la lucha contra el cáncer. Desde 1982-83 me integré en la AECC (Asociación Española contra el Cáncer), inicialmente a nivel estatal y desde 1996 como presidente del Comité Técnico o científico de la asociación en Sevilla, participando en el papel social
asistencial del paciente con cáncer y su familia junto a los programas de divulgación y prevención.

El Lar Gallego de Sevilla ha propuesto su candidatura al Galardón Aldabón 2026, ¿Qué supone para usted recibir este reconocimiento desde una entidad tan vinculada a sus raíces gallegas? Siempre me he sentido un gallego en Sevilla sin que ello me haya supuesto nunca un conflicto. Estudié bachillerato y la carrera de medicina en Sevilla, donde formé además mi familia. Mi esposa compañera de curso de la Facultad es sevillana, nos conocimos en 1960 y desde entonces permanecemos unidos. Este premio al que he sido propuesto representa el reconocimiento a mi identidad y a mi familia materna que permanece en Galicia. En el año 2020 se me otorgó la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla que junto a la propuesta del premio del Aldabón por Lar Gallego viene a representar lo que hasta ahora ha sido mi proyecto de vida.

Para finalizar, ¿Qué palabras le gustaría dedicar a los lectores de la revista Anduriña y a los socios del Lar Gallego? Creo que Andalucía es de las mejores regiones de España donde se puede seguir
siendo gallego sin pérdida de identidad. Esa ha sido siempre mi impresión y del resto de mi familia que vive en Sevilla y en Galicia.