
“Sevilla y Galicia comparten mucho más de lo que a veces se percibe a simple vista”
“Los animaría a seguir siendo embajadores tanto de Galicia como de Sevilla”
Juanjo Domínguez es el actual Director General de Turismo del Ayuntamiento de Sevilla, cargo desde el que trabaja para impulsar la proyección nacional e internacional de la ciudad, fomentando un modelo turístico sostenible, cultural y de calidad. Con una amplia experiencia en la gestión pública y en el ámbito del turismo, su labor resulta clave en la promoción de Sevilla como destino abierto, diverso y acogedor, estrechando lazos con entidades culturales y sociales que, como el Lar Gallego de Sevilla, contribuyen a enriquecer la vida cultural de la ciudad.
¿Cómo ha sido tu recorrido profesional hasta llegar a la Dirección General de Turismo del Ayuntamiento de Sevilla? Comencé a los 18 años y me di cuenta que era un verdadero privilegio trabajar para tu ciudad, tenía claro cuál era mi objetivo y la fórmula me la enseñó mi padre, trabajar, trabajar y trabajar…
¿Qué hace de Sevilla un destino tan atractivo y especial para quienes la visitan por primera vez?Cuando alguien llega a Sevilla por primera vez, suele sentir algo muy difícil de describir con palabras: una belleza abrumadora y singular y una forma de vida vibrante, única en el mundo.
Por supuesto, contamos con un patrimonio extraordinario, el casco histórico más grande de Europa, pero lo que realmente marca la diferencia es que aquí la ciudad se vive. Sevilla es un museo al aire libre, aquí la belleza se respira en los en los patios, en las plazas, en el azahar cuando llega la primavera. Sevilla se descubre caminando, y cada esquina tiene una manera propia de atrapar al visitante.
A esa belleza se suma nuestra identidad: Sevilla ha sido un cruce de culturas y de rutas históricas, y eso se nota en la arquitectura, en la gastronomía y en una forma de ver y estar en el mundo muy reconocible. Quien viene por primera vez percibe autenticidad, personalidad y, sobre todo, hospitalidad.
El estilo de vida sevillano es único en el mundo. La vida cotidiana, esa manera de disfrutar el tiempo y compartir los espacios, convierte una visita en una experiencia emocional, no solo turística. Y ese recuerdo para el visitante es difícil de olvidar
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta el turismo en Sevilla en la actualidad? Hoy el reto en Sevilla no es “traer más turismo”, sino mejor turismo: gestionarlo mejor para que sea sostenible. Lo que suele preocupar a los propios sevillanos es que la ciudad siga siendo, ante todo, un buen lugar para vivir. Eso significa cuidar la convivencia en los barrios con más presión, evitar saturaciones en determinados momentos y lugares, y repartir mejor los beneficios de la actividad turística para que lleguen a más rincones, a más negocios y que repercuta en empleo de calidad. El turismo tiene que sumar a la vida cotidiana de Sevilla, no perjudicarla.
En paralelo, tenemos un desafío muy claro en conectividad. Sevilla necesita consolidar y mejorar sus conexiones aéreas para seguir creciendo en mercados estratégicos y, al mismo tiempo, reducir la estacionalidad. Pero no se trata solo de abrir rutas: se trata de fortalecer frecuencias, asegurar continuidad y alinear esa conectividad con el tipo de destino que queremos ser.
Otro aspecto que representa un reto es la accesibilidad. Sevilla tiene que ser un destino para todos, y eso implica avanzar en accesibilidad física en el espacio urbano y en los recursos turísticos, pero también en accesibilidad sensorial y cognitiva: información y señalética más clara, atención adaptada y herramientas digitales que faciliten la experiencia a cualquier persona. La accesibilidad es una parte esencial de la calidad del destino.
Y, por último, hay un reto transversal a todo lo anterior: usar mejor los datos. Necesitamos tomar decisiones con evidencia, no sólo con intuición. Y lo necesitamos nosotros como administración pública pero también los necesita el sector. Y para ello contamos con la Smart Tourism Office, oficina dependiente de Turismo de Sevilla. Datos sobre flujos y movilidad, ocupación, gasto, satisfacción, reputación, impactos por zonas y momentos del día… Conocer e integrar esa información nos permite anticiparnos, ajustar campañas, gestionar mejor los espacios, diseñar productos y medir si lo que hacemos funciona. Si queremos una estrategia turística más inteligente y más sostenible, tenemos que convertir los datos en gestión real.
En definitiva, el objetivo es claro: un turismo que aporte valor, que respete la ciudad y a quienes la habitan, y que nos ayude a crecer en calidad con una visión innovadora.
Desde el Ayuntamiento se apuesta cada vez más por un turismo sostenible. ¿Qué medidas se están impulsando en esta línea? Nuestra estrategia turística entiende la sostenibilidad en sentido completo: ambiental, económica y social, especialmente en todo lo que afecta a la convivencia. Sólo si avanzamos en esas tres dimensiones a la vez podemos hablar de un modelo de destino sólido, competitivo y, sobre todo, respetuoso con la ciudad.
En lo social, lograr un equilibrio real entre la actividad turística y la vida en la ciudad es nuestro objetivo. Para ello, una de las medidas más claras que estamos poniendo en marcha es la descentralización: evitar que la experiencia turística se concentre siempre en los mismos puntos y a las mismas horas. Poner en valor los barrios —su vida local, su comercio, su cultura, su gastronomía— nos permite redistribuir flujos y también beneficios, reduciendo tensiones en las zonas más sensibles y mejorando la experiencia del visitante desde un enfoque más auténtico y equilibrado.
En lo económico, impulsamos un turismo de mayor valor añadido —cultura, gastronomía, compras, experiencias, congresos y eventos— y reforzamos la calidad y la profesionalización del sector. Aquí encajan iniciativas como SICTED y el acompañamiento a empresas desde la Smart Tourism Office, para que la mejora continua, la accesibilidad, la innovación y la sostenibilidad formen parte de la propuesta de destino y del día a día de los servicios turísticos.
Y en lo ambiental, además de trabajar en una gestión más eficiente de los flujos turísticos —porque la congestión también tiene impacto—, estamos dando pasos muy concretos. Un ejemplo es el proyecto pionero para medir y hacer visible la huella de carbono y la huella hídrica de los establecimientos turísticos del Espacio Central de la ciudad, una iniciativa que se enmarca dentro del Plan de Adaptación al Cambio Climático de la Actividad Turística, el PACC Sevilla. Para mí es especialmente relevante porque no se queda en la declaración de intenciones: pondrá cifras, genera conciencia, permite comparar, mejorar y orientar decisiones reales en la gestión.
Y todo esto lo sostenemos con una premisa: gobernanza y escucha. Trabajamos con el sector y con la ciudad, midiendo, evaluando y corrigiendo cuando hace falta, porque la sostenibilidad no es una meta puntual: es una forma de gestionar el turismo cada día.
¿Qué papel juegan la cultura, las tradiciones y la identidad local en la promoción turística de la ciudad? La cultura, las tradiciones y la identidad local no son un “complemento” en la promoción turística de Sevilla: son el corazón del relato. Porque, si algo nos diferencia de verdad en un mercado tan competitivo, es precisamente eso que no se puede copiar: nuestra manera de vivir, de crear, de celebrar y de entender la ciudad.
Yo siempre digo que Sevilla tiene que mirar al futuro desde sus raíces. Poner en valor nuestra identidad no significa quedarnos anclados en el pasado, sino todo lo contrario: significa proyectar lo que somos con orgullo, con calidad y con una visión contemporánea. Esa autenticidad —la que se ve en nuestras tradiciones, en el patrimonio, en el flamenco, en la artesanía, en la gastronomía y en el calendario cultural— es la base sobre la que construimos una marca sólida y creíble.
Además, esto encaja perfectamente con lo que hoy busca el visitante. Cada vez más personas no quieren solo “ver” una ciudad; quieren vivirla. Quieren experiencias con sentido, contacto con lo local, emociones reales. Y ahí Sevilla tiene una fortaleza enorme: nuestro estilo de vida —la calle, los barrios, las plazas, la conversación, la música, la luz— convierte una estancia en algo memorable. No es solo lo que se visita, es lo que se siente.
Por eso, cuando promocionamos Sevilla, no vendemos únicamente un destino; invitamos a formar parte, aunque sea por unos días, de una forma de vida única. Y lo hacemos con una responsabilidad clara: cuidar esa identidad, protegerla y compartirla con respeto, porque es nuestro mayor valor… y también nuestro mayor compromiso.
Entidades como el Lar Gallego de Sevilla contribuyen a enriquecer la vida cultural sevillana. ¿Cómo valora el papel de este tipo de asociaciones en la ciudad? Asociaciones como el Lar Gallego de Sevilla son un ejemplo claro de cómo la cultura se construye también desde la ciudadanía y desde el vínculo afectivo con la ciudad. Enriquecen Sevilla porque suman agenda cultural y crean comunidad.
Para mí, este tipo de entidades cumplen un papel doble. Por un lado, preservan y difunden tradiciones —en este caso, la cultura gallega— y las comparten con Sevilla a través de distintas actividades. Y, por otro, fortalecen el tejido social: generan participación, voluntariado o colaboración intergeneracional.
Además, desde el punto de vista turístico y de proyección cultural, estas asociaciones aportan algo muy valioso: autenticidad. Ayudan a que Sevilla sea una ciudad más plural, más viva y más interesante, no solo para quien nos visita, sino para quien la habita.
Por eso creo que es importante reconocer el trabajo de estos colectivos y tender puentes: facilitar sinergias y visibilizar iniciativas que, al final, refuerzan lo que Sevilla es: una ciudad abierta y acogedora.
Sevilla es una ciudad abierta y diversa. ¿Cómo cree que esta mezcla cultural contribuye a su atractivo turístico y social? Sin duda. Sevilla es abierta y diversa por naturaleza, y esa mezcla cultural es una de las claves de su atractivo, tanto turístico como social. No es algo añadido: forma parte de nuestra historia y también de nuestro presente. Sevilla ha sido cruce de caminos, de comercio, de ideas y de personas, y esa huella se percibe en la arquitectura, en el arte, en la gastronomía, en el lenguaje cotidiano y en la manera en la que la ciudad se relaciona con quien llega.
Desde el punto de vista turístico, esa diversidad hace que Sevilla sea un destino con capas. El visitante no solo “ve” monumentos; descubre influencias, relatos y matices que convierten la experiencia en algo más rico y más memorable porque, además, la hospitalidad que caracteriza a la ciudad se respira a cada paso…
La mezcla cultural, cuando se gestiona desde el respeto, la convivencia y la participación, hace a Sevilla más creativa, más dinámica y más resiliente. Y ahí está el equilibrio: Sevilla puede —y debe— mirar al futuro desde sus raíces, siendo fiel a su esencia, pero abierta a nuevas aportaciones. Esa combinación es la que nos hace atractivos: una ciudad con identidad muy fuerte, pero siempre con los brazos abiertos.
Desde su perspectiva, ¿qué vínculos culturales, sociales o turísticos existen entre Sevilla y Galicia? Sevilla y Galicia comparten mucho más de lo que a veces se percibe a simple vista. Históricamente, ambas han sido territorios profundamente abiertos al mundo: Galicia, con su tradición migratoria y su conexión atlántica; y Sevilla, como gran puerto y puerta de América durante siglos. Esa vocación de intercambio forma parte del ADN de ambos destinos. Sevilla y Galicia comparten valores como la hospitalidad, el orgullo por la tradición y la capacidad de emocionar al visitante. Son territorios distintos en paisaje y clima, pero muy cercanos en espíritu.
Ya en un plano más personal, el vínculo con Galicia lo tengo desde hace 25 años que empezamos a pasar nuestros veranos en la Costa de la Muerte, y sólo puedo decir que allí me siento como en casa.
¿Qué proyectos o iniciativas destacaría para seguir impulsando la relación Sevilla – Galicia en los próximos años? Lo más importante para desarrollar proyectos conjuntos es la conectividad, y facilitar al cliente la llegada al destino,
Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría enviar a los socios del Lar Gallego de Sevilla y a los lectores de la revista Anduriña? Me gustaría trasladar mi reconocimiento y mi cariño a todos los socios del Lar Gallego de Sevilla por la extraordinaria labor que realizan manteniendo viva la cultura, las tradiciones y el sentimiento gallego en nuestra ciudad. Las casas regionales y el Lar Gallego en particular, son puentes de identidad y convivencia, y en Sevilla valoramos profundamente esa riqueza cultural que suma y nos hace más diversos.
A los lectores de Anduriña, los animaría a seguir siendo embajadores tanto de Galicia como de Sevilla. Vuestra doble mirada —la del origen y la del lugar que os acoge— es un ejemplo de integración positiva, de respeto y de aportación activa a la vida social y cultural de la ciudad.
Enviar un abrazo fuerte y agradecer la oportunidad de dirigirme a vosotros, quedando a vuestra disposición.
