Amparo Graciani García. Coordinadora de la obra “Huellas de España en la Exposición Iberoamericana de Sevilla”

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“Galicia y Sevilla comparten una herencia común marcada por su papel en la historia de España”

“Anduriña, que desarrolla una importante labor de promoción de la cultura gallega, puede ser un buen medio para que los gallegos residentes en Sevilla y también los sevillanos conozcan cómo Galicia estuvo presente en la Exposición”

Amparo Graciani García, miembro de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, es licenciada y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, de la que es catedrática, con una larga trayectoria académica de más de 35 años. Una parte importante de sus investigaciones se han centrado, desde 1987, en torno a la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Desde 2017 trabaja en la promoción y divulgación inclusiva de los estudios sobre dicho certamen de cara a la conmemoración de su centenario, en cuyo marco ha dirigido los dos congresos internacionales (CIEIA) celebrados sobre la Exposición en 2018 y 2021 e importantes campañas, que le han llevado a recibir entre otros reconocimientos la Medalla de Sevilla, la Bandera de Andalucía de las Ciencias Sociales y las Letras y el Premio de Divulgación de la Universidad de Sevilla. Amparo nos abre sus puertas para conocer más el volumen I del libro “Huellas de España en la Exposición iberoamericana de Sevilla”, editado por la Universidad de Sevilla, que ella ha coordinado y que está dedicado a Galicia, bajo el título “Galicia. Visión, presencia y mensajes”.

¿Cuál es el contenido de este libro? El libro resume la participación de las cuatro diputaciones provinciales gallegas en la Exposición Iberoamericana en la que estuvieron presentes, como las restantes regiones españolas, por ser la Exposición parte de un proyecto político-propagandístico del régimen de Primo de Rivera fundamentado en la exaltación de la unidad nacional. La obra analiza las características y particularidades del pabellón gallego, que fue desmontado a la clausura del certamen, las obras de arte en él expuestas, la visión de la región que se proyectaba al resto del país y a la comunidad internacional, sin olvidar la teoría sobre el posible origen gallego de Cristóbal Colón.

¿Qué razones motivaron su publicación? La publicación de este libro se debe a dos razones: la importancia de la participación gallega y la calidad de los trabajos que, sobre el tema presentaron a dos congresos internacionales sobre el certamen Aurelia Balseiro García, María Quiroga Figueroa, directora y técnica del Museo Provincial de Lugo, Eduardo Esteban Meruéndano (presidente de la Asociación Colón Gallego), Margarita Barral Martínez (de la Universidad de Santiago) y Carlos Gegúndez López. Nos pareció que la mejor manera de arrancar un trabajo sobre la presencia de las distintas regiones españolas en la Exposición.

¿Qué relevancia cree que tiene la Exposición Iberoamericana en la historia cultural y urbanística de Sevilla? ¿Qué huellas materiales y simbólicas de la Exposición permanecen hoy en la capital hispalense? Es evidente que la Exposición fue con la Expo´92 el hito de mayor trascendencia en la Historia Sevilla en el siglo XX. Marcó la ciudad en todos sus ámbitos, no solo en el urbanístico; también en el artístico, cultural, económico, político, demográfico… y no solo en los años inmediatos a su celebración sino en los veinte de preparativos (que arrancaron en 1909); incluso en lo que se llamó la Post-Exposición. Aún hoy, disfrutamos y somos herederos de su amplio legado arquitectónico, urbanístico y cultural. Nuestras tradiciones, nuestro folclore está muy vinculado a la Exposición: la música popular, el traje regional, nuestros bailes, la Semana Santa, la Feria de Abril, las técnicas artísticas, la artesanía… todo en Sevilla se vio impregnado por la Exposición.

Desde el punto de vista arquitectónico y simbólico, ¿cómo se manifestó la “galleguidad” en el Pabellón de Galicia? Para empezar, con la propia arquitectura ya que el pabellón de Galicia, que con carácter provisional se levantó en el Sector Sur de la Exposición en torno a la Plaza de los Conquistadores (en este caso muy próximo a la avenida de la Raza), era de estilo regionalista, como todos los pabellones regionales que allí se construyeron. Lo diseñó Miguel Durán-Loriga Salgado, conservador del Palacio Real y arquitecto del ministerio de Hacienda, quien también elaboró los presupuestos de funcionamiento del edificio. Constaba de un edificio principal de dos plantas, inspirado en el barroco de placas compostelano (la Casa del Cabildo, la Casa del Deán, el convento de Santa Clara…); en su parte trasera (donde había una monumental fuente neobarroca) se le adosaba un edificio menor, que reproducía una vivienda tradicional gallega, ambientada con utensilios y enseres domésticos, con su escalera descubierta y una galería de arcos inspirada en los pazos gallegos.

En realidad, la “galleguidad” impregnó todo el pabellón: su decoración (escultórica y pictórica), su contenido expositivo y también las actividades que en él se desarrollaron. El pintor Francisco Lloréns Díaz fue el director artístico del pabellón, participó en su ornamentación, organizó la biblioteca, reclutó a artistas de prestigio en Galicia, consiguió obras de arte y piezas antiguas en préstamo y encargó reproducciones de obras. El escultor Francisco Vázquez Díaz (Compostela) participó en la decoración y fue gerente del pabellón. El tema daría para hablar largo y tendido.

¿Qué papel desempeñaron las instituciones gallegas en la definición de este proyecto? Participaron las cuatro diputaciones (con aportaciones económicas distintas), aunque las negociaciones y los pagos se centraron en la de A Coruña. Por problemas presupuestarios, el pabellón se inauguró muy tardíamente. La Exposición fue tan importante que diferentes entidades nacionalistas se implicaron de un modo u otro. Destacaría el Seminario de Estudos Galegos de Santiago de Compostela, que colaboró en la organización de la biblioteca del pabellón, proporcionando parte de la colección de libros que allí se expusieron. La Unión Iberoamericana, a la que pertenecieron José Casares Gil y Luis Rodríguez de Viguri, promovería ediciones filatélicas sobre el certamen. Diferentes instituciones prestaron obras de arte y mobiliario para exponer (la Catedral, el Hospital Real, la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, el Real Patrimonio, las diputaciones, el Seminario de Estudios Gallegos, el Ayuntamiento de El Ferrol…); también habría obras de colecciones familiares (Pardo Bazán, el Vizconde de San Alberto, Villaamil y José López Suárez de Lugo).

Si tuviera que destacar un mensaje que el Pabellón transmitía sobre la identidad gallega, ¿Cuál sería? Hubo dos mensajes. Uno, el de la gloria del pasado gallego. Para promoverlo, se enfatizó sobre todo la figura de Santiago Matamoros (vinculado al Camino de Santiago que fue el tema prioritario en el pabellón), y también a Fernán Pérez de Andrade, el Padre Feijoo y Emilia Pardo Bazán. El segundo mensaje fue el progreso gallego, el desarrollo agropecuario, industrial y turístico; la mejor muestra de la exaltación del sector pesquero fueron los tres paneles de Lloréns para el friso del Salón de Actos, sobre la pesca y el arte de procesarla, que se conservan en el Museo de Lugo.

Como doctora en Historia del Arte, ¿Qué destacaría de las obras que estuvieron expuestas? Creo que hay tres cuestiones a destacar. Que el pabellón ofrecía un muestrario de los elementos identitarios gallegos (los edificios, los paisajes, las costumbres, la economía…); que reunía obras de los artistas más destacados del momento, y que, pese a la diversidad de su contenido, todo obedecía a esos dos mensajes que antes te indicaba: la tradición y el progreso.

¿Qué enseñanzas cree que nos ofrece hoy la participación gallega en la Exposición para la gestión del patrimonio y la promoción cultural de las regiones españolas? Como en otros casos, la gestión del patrimonio derivado de la Exposición no fue modélico después de su clausura. Las piezas en préstamo volvieron a sus lugares de origen y las nuevas obras a las diputaciones que las habían financiado lo que contribuyó a la dispersión de los contenidos. No siempre el retorno quedó bien documentado; de hecho, hemos tardado casi cien años en recomponer los contenidos de este pabellón.

En estos momentos en que se revaloriza la “galleguidad” y el arte de la época, durante tanto tiempo denostado, acercarnos al 29 nos permitirá poner en valor los contenidos del pabellón, pero también promocionar culturalmente Galicia. Galicia lo está haciendo bien. El estudio de Aurora Balseiro y María Quiroga, realizado desde el Museo de Lugo, que ha sido modélico, ha permitido conocer las piezas que estaban dispersas por las distintas provincias. Este trabajo evidencia la complejidad de poner en pie la participación regional y cómo se precisa de la colaboración institucional.

En este sentido, las diputaciones ya se están implicando; por ejemplo, la de Pontevedra hace unos meses acogió una presentación de este libro y me invitaron a impartir una conferencia sobre el tema; la de Lugo, como te comenté ha apoyado los trabajos de Balseiro y Quiroga… La Xunta de Galicia ha sido la primera administración autonómica española que ha entendido la oportunidad que conlleva poner en valor su presencia en la Exposición Iberoamericana de cara a la conmemoración del Centenario en 2029, porque entonces se potenciaban los mismos valores galleguistas que hoy en día. Prueba de ello es que su presidente, Alfonso Rueda, prologó nuestro libro. Igualmente, desde la Asociación El Colón Gallego se ha entendido muy bien la oportunidad que reivindicar la presencia gallega en Sevilla conlleva para promocionar hoy la cultura gallega y en el caso que les ocupa la teoría del origen gallego de Colón.

¿Cómo definiría el vínculo existente entre Galicia y Sevilla? Hoy, los vínculos entre y Sevilla se sustentan principalmente en el ámbito económico, cultural y turístico. Ambas regiones mantienen relaciones fluidas a través del intercambio de estudiantes universitarios, la cooperación entre instituciones culturales y el flujo constante de visitantes gallegos hacia Andalucía, atraídos por su patrimonio histórico y su clima. Empresas gallegas del sector pesquero, textil y tecnológico también han establecido lazos comerciales con Sevilla, aprovechando la posición estratégica de la capital andaluza como centro logístico y de servicios. En el plano cultural, Galicia y Sevilla comparten una herencia común marcada por su papel en la historia de España, especialmente durante la expansión atlántica y el comercio con América. Deberíamos potenciar estos vínculos, por ejemplo, canalizando encuentros literarios, musicales y gastronómicos. El Lar Gallego que, además de preservar la identidad gallega es un buen canal para promover el intercambio cultural entre Galicia y Sevilla 2029 contribuir a impulsar este encuentro. Debo decir que la prensa gallega lleva años recogiendo noticias sobre nuestras iniciativas de potenciar Sevilla2029 y sobre los congresos internacionales. El Faro de Vigo, por mencionar un ejemplo.

Nuestra revista Anduriña tiene su origen en 1959 y aún mantiene su publicación en papel, ¿unas palabras para nuestros lectores? Anduriña, que desarrolla una importante labor de promoción de la cultura gallega, puede ser un buen medio para que los gallegos residentes en Sevilla y también los sevillanos conozcan cómo Galicia estuvo presente en la Exposición. Estoy segura de que su papel será fundamental para promocionar y divulgar las acciones en las que en este sentido estamos trabajando de cara a 2029.